
“El regalo de ser usado, de ser vivido”
12-04-19 (escrito para concurso de Ideas Convento de San Juan)
Es interesante y envidiable, cuanto menos, acudir un fin de semana a alguno de los infinitos lugares culturales que se pueden encontrar a lo largo de las islas británicas, todos ellos colmados de gente, pasando el tiempo, realizando sus propias actividades, con los hijos, amigos… Sin lugar a dudas, son espacios pensados para eso, para el encuentro, para la gente, espacios que realmente pertenecen a eso a la gente. Mas allá del valor del edificio, o de las obras de arte que se exhiban en ciertas partes de este, la mayoría de los espacios mas importantes se destinan a las personas, no tienen programas fijos, unas sillas y unas mesas, un sitio donde pedir un café y un dulce… La gente se encarga de hacer esos espacios suyos y de traer los programas, son como extensiones de las plazas, de los espacios públicos, revundan de actividad ¡de FELICIDAD!.
Nos salto a la cabeza la duda, la pregunta de por que eso no se ve en España, de porque aquí cualquier edificio con un supuesto programa de uso cultural o lúdico, acaba convirtiéndose en un espacio rigido, gestionado por entes semiprivados condenado por el programa que le ha sido asignado con un bisturí clínico. Esta falta de permeabilidad y flexibilidad, conduce a la lenta muerte de los edificios, faltos de personas que los vivan.
Hay ya en nuestro territorio, algunos lugares que promueven esta idea anteriormente comentada, pero por que no aplicar este concepto a nuestro patrimonio a nuestra escala. Por que no en lugar de dejar morir el santuario cerrado y caduco o asignarle un programa y correr el riesgo de fracasar, por que no lo equipamos, acondicionamos y se lo damos a la gente, ellos sabrán como convertirlo en un núcleo de cultura y actividad, una fiesta de nuestra cultura y patrimonio con una escenografía inmejorable. Nada mejor para satisfacer los ambiciosos planes de convertir los camins en Patrimonio de la Humanidad.
Jan Gehl, la persona encargada de sacar a las gentes de uno de los países mas fríos del mundo como es Dinamarca, de sus casas a la calle, de convertir sus espacios públicos e infraestructuras urbanas en las mejores del mundo o así lo respaldan los muchos premios que han recibido. El defiende una idea, una formula que parece funcionar, “invita a la gente a usar los espacios, hazlos participes y la gente responderá”. Si con esta formula él ha sido capaz de sacar de sus casas a la gente a pesar del clima, nos surge la inquietud de pensar porque eso no puede funcionar aquí.
En términos económicos, se puede entender a simple vista en Reino unido lo bien gestionado que se puede tener. Todo es ridículamente gratis, pero el marketing y branding es a su vez, ridículamente espectacular. Cada edificio se convierte en una marca, con tiendas de calidad que venden productos muy interesantes, y siempre se ofrece la posibilidad de donaciones, que el primer pensamiento puede ser de que estupidez, pero poco a poco te vas dando cuenta de que al hacer participe a las personas de estos edificios, estos los sienten como propios, los cuidan, donan dinero y se preocupan por ellos.